Letras tenebrosas

En Lengua de 3ºESO durante las últimas clases se nos unieron dos componentes; el estudio de los elementos narrativos y Halloween. Así que hemos aprovechado para leer en clase a los maestros del género de terror de todos los tiempos y nuestro alumnado ha sido valiente y se ha enfrentado a sus mayores miedos para ser capaces de componer historias de miedo. Les dejamos con las narraciones de dos pequeñas talentosas del género. 

Sin salida. Por Celia Martel, 3ºESO

 El silencio invadía la habitación. Eso le producía escalofríos, era raro en su casa. Alina tenía una gran familia, dos hermanos llamados Tadeo y Tommy, y sus padres: Ana y Manuel. Ella era la mayor de los hermanos y la más solitaria, le gustaba tener su espacio y que nadie lo invadiera. Mientras Alina deshacía su cama, escuchó un gran estruendo que procedía de la cocina, pero no se extrañó, porque sus hermanos estaban todo el día corriendo por la casa y rompiendo cosas, así que se acostó a dormir.

Al día siguiente se levantó y vio la hora del móvil. Efectivamente lo de llegar pronto a clase no era lo suyo, por lo que cogió lo primero que vio en el armario y se vistió. Desayunó unas tostadas con mermelada y mientras comía volvió a sentir esos escalofríos que había sentido la noche anterior. Se dio cuenta que nadie de su familia estaba en casa, por lo que imaginó que sus padres habían llevado a Tadeo y a Tommy al colegio. Alina no tardó en salir de su casa, ya que llegaba treinta minutos tarde a clase. Mientras caminaba recordó los deberes que había marcado su profesora de lengua, que no había hecho y vio que su día no podía ir peor. Cuando llegó, subió las escaleras corriendo hacia la clase de matemáticas.

Entró en clase, y por un momento pensó que se había equivocado de asignatura, pero revisó el horario y vio que en efecto tocaba matemáticas. Cuando terminó de pensar qué podría haber pasado, decidió recorrerse todo el instituto, pero no había nadie, ni siquiera los profesores. Decidió escribir a su madre para hablarle sobre lo que le había ocurrido, pero vio en el calendario que era treinta y uno de octubre, Halloween. Esa era la razón por la que no había clases. Y quiso celebrarlo dando un paseo por las grandes calles de Madrid.

Comenzó a darse cuenta de que no había nadie por esas calles que normalmente están a tope de gente. Le parecía muy extraño lo que le estaba ocurriendo, no había nadie en su casa, no había nadie en el instituto y no había nadie por aquellas inmensas calles. Empezó a asustarse. Lo único que podía hacer era llamar a alguien. Decidió llamar a su mejor amiga, Tania, pero hubo otro inconveniente; estaba sin servicio. No tenía nada que hacer, ella solo quería encontrarse a alguien que la ayudase a entender lo que estaba pasando. Ya eran casi las seis de la tarde, y ya empezaba a hacer frío por lo que decidió irse a casa.

Alina no sabía qué hacer, mientras volvía a casa, iba pensando todo lo que le había ocurrido ese día, estaba confusa, lo único razonable era que tuviese una pesadilla, pero sabía que no eran tan reales.

Cuando llegó a su casa, Alina empezó a llorar, estuvo mucho tiempo sentada en el sillón:

¡Todo el mundo ha desaparecido! – gritó con fuerza

Después de haber gritado, escuchó el mismo ruido que había escuchado ayer en la cocina, pero esta vez lo escuchó en su habitación; un estruendo más fuerte que el de ayer. Alina se asustó tanto que cogió la manta que la estaba tapando y se la puso en la cabeza. En ese momento pensó en el ruido que había sonado cuando se fue a acostar, y se convenció de que la desaparición de todo el mundo fue a causa de ese ruido.

Ya solo podía hacer una cosa, subir a la habitación y averiguar lo que estaba pasando, por lo que se destapó la cara y se puso de pie. Comenzó a andar lentamente hasta que llegó a la puerta de su habitación, pero la puerta estaba cerrada. No tenía otro remedio. Tocó el pomo como si fuera de cristal, y lo giró lentamente. Cuando consiguió abrir del todo, se quedó paralizada, no se podía creer lo que estaba viendo. Se encontró el espejo de su habitación roto a pequeños trozos, pero solo había un trozo de cristal que no se había llegado a caer. Y tenía una nota escrita encima:

“A lo mejor, la que ha desaparecido eres tú”

Alina sabía en ese momento que estaba en un laberinto sin salida.

Aquellos ojos, por Ana Suárez, 3ºESO         

        Claudia se despierta temprano, pero aún no tiene ganas de levantarse, así que empieza a leer su libro. Siente el cansancio en el cuerpo pero sabe que no volverá a dormirse. Se frota los ojos, y en medio de la oscuridad ve unos ojos rojos, unos ojos penetrantes e inyectados en sangre. 

Cuando Claudia abre los ojos ya no están: piensa que es cosa de su imaginación, así queno le da importancia y sigue leyendo. Pero los ojos… no puede con ellos, se los vuelve a rascar y vuelve a ver esos extraños ojos mirándola. Qué raro… dos veces en menos de dos minutos… sigue sin darle demasiada importancia, pero piensa en ello durante un rato hasta que oye un ruido en la cocina. Su madre ya está despierta, ha puesto la radio y canturrea alegremente una canción. Mira el reloj, las 10:36, hora de levantarse.

Su madre ya ha hecho el desayuno y su padre toma café mientras lee el periódico. Le da un beso en la mejilla y se sienta frente a él. Se ha olvidado, siempre se olvida de lavarse las manos, sube las escaleras hasta el baño y empieza a enjabonarse las manos, y ve una sombra detrás de ella. Recorre el baño con la mirada pero no ve nada, hasta que se da cuenta de que el cristal está empañado. Mi madre se habrá duchado antes, piensa. 

Lo desempaña con la mano y ve esos ojos rojos reflejados, pero esta vez son sus ojos, son sus ojos rojos.
Unos ojos sin vida y fríos, unos ojos que no sienten. Grita, grita desesperadamente y sale corriendo a la sala de estar donde su madre la mira con cara de espanto. Ella le cuenta apresuradamente algo acerca de unos ojos rojos pero Berta, su madre, no es capaz de entrelazar palabras para formar una frase. Al cabo de unos minutos Claudia se calma y le dice a su madre que necesita dormir y se dirige hacia la planta de arriba. Pero no va a su habitación sino que vuelve al baño, y se queda perpleja al ver que sus ojos están como siempre. Sin embargo, esta vez, sabe que lo de antes no fue cosa de su imaginación. Sabe que no está loca, pero que algo raro le ocurre. Y si… y si es verdad lo que le está ocurriendo y si  no es cosa suya… Vuelve a mirarse en el espejo y sus ojos vuelven a ser de granate intenso. Súbitamente tiene una sombra con forma de persona detrás de ella, de color negro y con los ojos iguales a los de ella: le acaricia el pelo y le susurra al oído cosas en una lengua incomprensible. Intenta pedir ayuda pero nada sale de su boca.

Berta encontró a Claudia dos horas despuésmuerta.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *