La flor única

La flor única

Ahí estaba yo, mirándola, sin ninguna interrupción. Todo lo que pasaba a mi alrededor no existía, estaba completamente absorta mirando f|jamente a sus rojos pétalos, parecidos realmente a una f|gura de cristal, frágil y débil. Con sus hojas f|nas como su tallo. Era, era… hermosa. Los primeros rayos de sol asomaban al alba.

Estaba tan sumergida en mis pensamientos que no habia movimiento a mi alrededor, lo único que sentía eran ráfagas de viento en mi interior que hacían que mi cuerpo se sintiera inmóvil. Cuando me desperté de mis pensamientos, me percate’ de que llevaba media hora sola, delante de una cosa tan pequeña pero a la vez cautivadora. Sin pensármelo, me fui acercando lentamente… hasta que vi que era perfecta, no tenía defectos. En ese momento, me di cuenta delo poco que valoraba las cosas que más valían. Los dias iban pasando, y yo me paseaba por el parque, única y exclusivamente por una razón, porque me llenaba de felices pensamientos. Todas las mañanas pasaba por el parque, con los intensos rayos de sol que ascendían, y esa sensac on me hacía sentir emociones únicas, que nunca había sentido; mariposas en el estómago, que me alegraban mis días.

Porque cosas tan sencillas te pueden hacer sentir único.

Elaborada por Celia Martel Guillén (2ºESO)

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