La llave que solo cerraba 

La llave que solo cerraba  

El hombre regresó de hacer la compra, sube las escaleras enfurruñado y crispado como siempre. Su frente suda y su tensión está bastante alta como siempre. En lo único que está pensando es en ese billete de tren Don Benito-Madrid y eso le hace estar más contento de lo normal. Finalmente dejo atrás las largas e interminables escaleras y llega a su portal. Saca sus llaves ansioso para abrir la puerta de su casa y coger ese dichoso billete de tren. Extiende su mano con esas uñas medio negras de las cenizas de los puros habanos que todos los días se fuma apaciblemente. Introduce su llave en la cerradura de la puerta y la gira, pero la puerta no se abre. El hombre desconcertado gira, gira, gira y gira, pero la puerta no le ofrece respuesta. Cuanto más tiempo pasa más tiempo pasa más tenso y ansioso se va poniendo, los giros de muñeca son violentos y secos, parece que está jugando al futbolín. La escena transmite tanto desconcierto que la leche se corta, los huevos se rompen permitiendo a la yema escapar de su prisión, y el puerro decide irse a dar un paseo rodando por las escaleras. Pero el hombre no hace caso y en un ataque de ira y frustración le mete una patada a la puerta y la tumba como si de fichas de domino se tratasen, al mismo tiempo que el puerro llega al cuarto piso. Una vez dentro de la casa el hombre corre hacia el salón con tanto ímpetu que se resbala y se cae al suelo. El billete de tren está en la mesa mirándolo de forma desafiante, casi burlona. El hombre se levanta y finalmente lo coge, coge el teléfono y llama a un taxi y se va a la estación. El tren ya salió de la estación.

PICHLHOFER JIMÉNEZ, ALFRED

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