Sola

¿Quién dijo que el amor es siempre felicidad? ¿Por qué le creí? Llevo haciendo esas dos preguntas dos años, cuando la persona que más me importaba me lastimó de una forma que hizo que quisiera morir, es más, intenté lastimarme de forma física, dejando de comer, cortándome brazos, piernas y sitios donde no se podía ver, tomando pastillas para dormir y casi muero si no hubiera aparecido mi hermano.

Estuve ingresada seis meses, ya que me tomé casi un bote entero de esas pastillas. En esos seis meses esa persona se atrevió a venir y visitarme, pero no él solo si no con otra persona, con la que me lastimó.

No grité, no lloré, no les eché, simplemente fingí una sonrisa y les dije: ‘‘Enhorabuena, espero que seáis felices’’ y se lo creyeron, mas en ningún momento me pidieron perdón y aún así seguí fingiendo una sonrisa y mi corazón rompiéndose más y cada vez más.

Mi padre apenas vino a ver como estaba y si lo hacía era para acompañar a mi madre o para gritarme y decirme porque soy tan tonta, porque hago cosas sin pensar en los demás, y volví a aguantar las lágrimas, no me desahogué, solo bajé la mirada y le pedí perdón, le dije lo que él quería escuchar.

Mi hermano y mi madre venían más seguido para que tuviera compañía o para que les dijera el por qué de es intento de suicidio, queriendo ayudarme, pero yo tenía miedo, miedo a que luego se lo dijera a mi padre, miedo a que la persona que me lastimó se enterase, miedo a que los compañeros del instituto se burlasen al enterarse del por qué de esto.

Y así pasó esos dos años, con miedo a que la gente supiera el por qué, soportando los gritos de mi padre, soportando fingir una sonrisa y que todos se la creyesen, soportando el dolor desde que él me lastimó.

Mi madre decidió cambiarme de instituto para que empezara una nueva vida, nuevos compañeros, nuevas caras, nuevos nombres, y yo pensé que era una buena idea, pero el primer día, nada más entrar supe que ya no sería como antes, que ya no sonreiría de verdad sino con una para que todos se la creyesen, ya que no sería alegre, y no habría ese brillo que había en mis ojos, ahora sería una chica con juna mirada penetrante, una mirada que no volvería a brillar, con una sonrisa que todos la creían, con una actitud fría.

A pesar de que todo el mundo se creía mi sonrisa, mi ‘‘Estoy bien’’ o eso creía yo, mi madre murió, murió por lo mal que lo estaba pasando, por el dolor que estaba sufriendo yo, o eso acabé por pensar.

Desde su muerte mi padre me culpaba por ella, me lastimaba más y yo lloraba sola sin un hombro en el que apoyarme, sin la voz que siempre me consolaba.

Mi hermano se fue al extranjero, a trabajar como militar y murió un mes después de entrar, me quedé sola, sin nadie, sin nadie para protegerme.

Quería gritar, quería llorar, quería dejar de pensar, quería terminar con esta vida y que os cayera a vuestro pésame.

Reva Xiaoling Larrauri Sánchez

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